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127. (Agosto 2022) Divulgación científica en el congreso Mathematics and Computation in Music 22
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Escrito por Paco Gómez Martín (Universidad Politécnica de Madrid)   
Lunes 01 de Agosto de 2022

La columna de este agosto caluroso está dividida en tres partes. En la primera, haremos unas cuantas reflexiones sobre la divulgación científica en general; en la segunda parte, aplicaremos esas reflexiones a la divulgación científica en el campo de la Teoría Matemática y Computacional de la Música (TMCM en adelante); y, por último, pondremos ejemplos de acciones de divulgación científica que tuvieron lugar en el reciente congreso Mathematics and Computation in Music 22 (MCM22) celebrado en Atlanta bajo la excelente organización de Mariana Montiel de la Universidad Estatal de Georgia (GSU en sus siglas inglesas).

1. Ciencia y divulgación

La ciencia es una aventura intelectual en la que las ideas de progreso y creatividad son esenciales. Además, la ciencia es una parte fundamental de la cultura moderna. El objetivo de la ciencia es construir conocimiento sólido, verificable, y a través de ese conocimiento llegar a la comprensión del mundo. De esa comprensión, surgen aplicaciones asombrosas y ubicuas que transforman nuestra sociedad constantemente. La ciencia, además y como parte de su genésis y praxis, nos plantea dilemas morales y éticos.

Los científicos tienen un compromiso con la sociedad en la que trabajan. La sociedad les ha proporcionado formación y medios para desarrollar su tarea. A cambio, deberían explicar los resultados que obtienen, pero no en forma de publicación en una revista de prestigio o en un congreso especializado, sino en un contexto y en unos términos adecuados para que el gran público entienda su relevancia y aplicaciones. Los científicos tenemos la obligación de divulgar y popularizar la ciencia que producimos. Igual que la universidad nos exige ser buenos profesores, buenos investigadores, buenos gestores, debemos ser también buenos divulgadores (de los sistemas de calidad universitaria hay mucho que hablar y nada bien desde luego). Sin embargo, en general, los científicos no hacen tal esfuerzo en divulgar sus resultados y este esfuerzo debe hacerse a todos los niveles de la educación, desde la educación infantil cuando sea posible hasta los adultos y especialmente en la primaria y secundaria.

Por su parte, la sociedad debería apreciar la naturaleza y los objetivos de la ciencia. Con frecuencia, la sociedad reacciona con resistencia o incredulidad ante los objetivos y resultados de la ciencia. Los científicos, a nuestra vez, no deberíamos reaccionar a tal resistencia con rechazo e indiferencia, como lamentablemente es el caso con harta frecuencia. Antes al contrario, deberíamos crear una diálogo abierto y libre de condescendencia con el gran público.

Mi teoría personal es que parte de esta resistencia reside en lo que el escritor C. P. Snow (1905–1980) llamó la gran división de las dos culturas; aquí por las dos culturas se refiere a las humanidades y a las ciencias, respectivamente. En una famosa conferencia que pronunció en 1959 en el Senate House en Cambridge, hizo una crítica en términos intelectuales y económicos de esa división y sus consecuencias. Desde que tengo uso de razón he presenciado una división inmediata de las personas entre persona de ciencias y persona de letras, división que, por cierto, el propio sistema educativo propicia (aquí en España y en otros muchos países occidentales). La “gente de letras” no conocen los más elementales hechos científicios ni está familiarizada con la más mínima lógica científica. La “gente de ciencia” ignora las grandes obras de la literatura y su capacidad de experiencia emocional y explicación del mundo. En su libro Las dos culturas [Sno77], Snow lo expone con bastante elocuencia. El extracto que reproduzco a continuación se refiere a la actitud de los no científicos ante la ignorancia de los científicos ante la cultura tradicional. En otras partes del libro, se queja amargamente de la situación contraria. Leamos a Snow:

Pero ¿qué ocurre del otro lado? También se han empobrecido —quizás más seriamente porque se enorgullecen de ello. Todavía les agrada fingir que la cultura tradicional es toda la “cultura”, como si no existiese el orden natural. Como si la exploración del orden natural no tuviese interés alguno de suyo ni por sus consecuencias. Como si el edificio científico del mundo físico no fuera, en su hondura intelectual, su complejidad y su coherencia, la obra colectiva más bella y maravillosa de la mente humana. Pero los no científicos no tienen ningún conocimiento del edificio. Aunque quieran tenerlo, no pueden. Es como si todo el grupo fuera incapaz de percibir el sonido de la cuerda inmensa de la experiencia intelectual. Solo que esa sordera no se tiene por naturaleza, sino por educación, o más bien por falta de educación.

Y como no perciben todos los tonos, no saben lo que se pierden. Hacen una mueca de risa piadosa al saber que hay científicos que no han leído jamás una obra importante de la literatura inglesa. Los descartan como especialistas ignorantes. Y sin embargo su propia ignorancia y su propia especialización son igualmente pasmosas. Muchas veces he estado en reuniones de gentes consideradas muy cultas según las normas de la cultura tradicional, y que con sumo placer expresaban su incredulidad ante la ignorancia de los hombres de ciencia. Una o dos veces me he incomodado y he preguntado a los presentes cuál era la segunda ley de la termodinámica. La respuesta fue fría, y también negativa. Sin embargo, yo estaba preguntando algo que es el equivalente científico de “¿Ha leído usted alguna obra de Shakespeare?”

Ahora pienso que si hubiese preguntado algo más simple —como que era la masa, o la aceleración, científicamente equivalente a preguntar ¿Sabe leer?—no más de una entre diez de las personas muy cultas habría sentido que yo hablaba el mismo idioma que ella. Así el gran edificio de la física moderna se va levantando, y la mayoría de la gente más inteligente del mundo occidental tiene de ello más o menos la misma consciencia que habrían tenido sus antepasados neolíticos.

Una manera de romper esta división, este muro invisible pero impermeable, es a través de la divulgación científica. La divulgación es narración, es contar historias, es dotar a los resultados científicos de valor emocional y moral.

2. Divulgación científica en la TMCM

La Teoría Matemática y Computacional de la música (TMCM) es una disciplina científica de pleno derecho. Analiza un fenómeno muy complejo: la música; con herramientas muy potentes: las matemáticas y la computación. La música está llena de patrones, reglas; está altamente estructurada, es compleja, rica en matices, desafiante desde un punto de vista cognitivo, altamente gratificante desde un punto de vista emocional y con importantes funciones sociales (véase [RB03] para mayor desarrollo de estas cuestiones). Las matemáticas es la ciencia que estudia los patrones en abstracto, desde el rigor, la ciencia que describe la estructura a altos niveles de complejidad; es también una disciplina altamente desafiante desde un punto de vista cognitivo. En la evidente convergencia de estas dos disciplinas nace la TMCM.

Y como disciplina, los practicantes de la TMCM tenemos la obligación de hacer divulgación científica. Hay muchas ventajas y facilidades para hacer tal cosa. La música siempre es atractiva para el gran público. Y con frecuencia, conceptos matemáticos simples pueden dar explicación novedosas a fenómenos musicales. Las matemáticas junto con la computación pueden proporcionar maneras muy efectivas y potentes de visualizar la música. Cierto es que el material de divulgación tiene que ser diseñado con creatividad y meticulosidad, además de adaptarlo con precisión al público final.

3. Divulgación científica en el MCM22

En los congresos de nuestro campo, especialmente en los dos últimos, se ha hecho hincapié en la divulgación. En el congreso MCM 22 (https://mcm2022.org/) en particular se realizaron una serie de actividades divulgativas que nos gustaría glosar aquí como muestra del interés y el compromiso de nuestra comunidad con la divulgación científica. En la tarde del 23 de junio de 2022 se llevó a cabo en el Museum of Design Atlanta (MODA; see https://www.museumofdesign.org/) una jornada de divulgación científica y que describimos a continuación.

3.1. Jeremy Kastine y su actividad Can you canon?

Jeremy Kastine, que fue el organizador del evento, presentó una actividad en que los participantes tenían que componer canones monofónicos con ciertas restricciones. Los participantes aprendieron que este problema se puede formular en términos de encontrar los cliques maximales de un grafo. El software con que se construían los cánones fue programado por el propio Kastine.

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Figura 1: Jeremy Kastine y su actividad Can you canon?

3.2. Thomas Noll y The Collective Public Fourier Performance

En esta actividad hay tres participantes que controlan los coeficientes de Fourier de una onda sonora variando la altura de ciertas banderas. Estas alturas son captadas por dispositivos móviles, los cuales las transfieren a un ordenador que sintetiza una onda sonora. Se trata de una representación física de la transformada de Fourier. Desde un punto de vista musical, se hace una performance con los participantes.

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Figura 2: Thomas Noll and The Collective Public Fourier Performance

3.3. Paco Gómez y los ritmos euclídeos

En esta actividad, presenté algunos resultados sencillos de divisibilidad y los conecté con la teoría del ritmo. De ahí pasamos a tocar con los famosos tubos afinados boomwhacker. Es esta una actividad que permite varios niveles de complejidad que se adaptan fácilmente al nivel del público.

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Figura 3: Paco Gómez y Matherhythm or rhythm is a killer

3.4. Luis Nuño y su rueda armónica

Luis Nuño presentó una actividad basada en su rueda armónica, un dispositivo físico que consiste en el tonnetz pasado a coordenadas polares y donde se pueden ver las transformaciones entre distintas escalas.

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Figura 4: Luis Nuño y su rueda armónica

3.5. Maria Manonne y su CubeHarmonic

Maria Mannone presentó su CubeHarmonic, un intrumento musical novedoso que emplea el concepto de triada en el tonnetz representado en el cubo de Rubik.

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Figura 5: Maria Mannone y su CubeHarmonic

 

Bibliografía

[RB03] R. E. Radocy and D. J. Boyle. Psychological Foundations of Musical Behaviors. Charles C. Thomas, Springfield, Ill., 2003.

[Sno77] C. P. Snow. Las dos culturas. Editorial: Alianza, 1977.

 

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